Lucía Maciel
Aunque su vocación es ser actriz, asegura que prefiere hacer notas en “RSM” que trabajar en ciertas telenovelas. “Tiene más vuelo”, dice.
Basta con eso, chicos! ¡No soy rolinga! Nada que ver”, dice Lucía Maciel, la notera no-rolinga de RSM. La culpa es de Matías Martin, quien le asignaba un gusto stone en su paso por Teikirisi y Cámara en mano, cuando en realidad su flequillo responde, sospechamos, más bien a un gusto por la música garage (elogia a Los Peyotes). Como sea: ella era la que hacía el genial Manual de procedimiento femenino, más tarde probaba diferentes profesiones para ponerle el cuerpo a la nota y, después, la perdimos de vista hasta ahora. “En RSM, no hago tanto personaje. Yo no soy periodista, soy actriz, así que no son notas hola, sí, qué hacés. Es como que, en lo posible, trato de ponerles onda”.
Apenas supimos de ella, prometía, pero, lo dijimos, desapareció. Tal vez estaba haciendo un programa que no mirábamos. No. “Estuve mucho tiempo por el exterior, me fui por Europa”. Dale, todo no tiene que empezar con un chiste (“estoy viviendo con dos amigas en la cúpula del Congreso, con las palomas”, por ejemplo). “Bueno, después de Cámara en mano, parecía que iba a aparecer algo más, pero al final no. Después hice unos capitulitos en Montecristo. Fue bueno, pero duró poco. Fue bueno mientras duró y nada más”. ¿Montecristo? “Yo era como un nosequé, porque no se llegó a desarrollar el personaje. Hubo una sola escena en la que actué, pero estuvo bien hacerla. Pero el resto era como medio hola, qué tal, sí“. Le da una moneda a una señora que viene a pedir plata y continúa contando cómo hizo para vivir una vez desocupada.
“Fue muy terrible. En realidad, la idea era de que a Cámara en mano le siguieran otros proyectos, así que en la productora me siguieron pagando el sueldo durante un tiempo, había un acuerdo. Los primeros meses, con plata, fueron una cosa. Pero cuando se acabaron los ingresos, empecé a trabajar en un negocio de Palermo. ¡Fin de la anécdota!”
Pide apagar el grabador, rezonga un poco en off y sigue: “Trabajé en un local de Palermo con mucho puf y, mientras tanto, seguía moviéndome, buscando, mandando mails, yendo a castings. Había un par de cositas, no te digo los cien mil proyectos porque, bué, no, pero había cositas y al final salió lo de RSM“.
¿Notera vocacional? Frío. No haber estado en la tele la puso mal, pero no por el lado de la ausencia. “Me afectó desde el lado de qué cagada no estar haciendo lo que quiero hacer. Yo quiero vivir de ser actriz y al no conseguirlo, eso fue lo que me deprimió. No la falta de un lugar en la tele”.
Lucía deja bien en claro cuál es su vocación y qué peso tiene en su vida. Empezó a estudiar teatro a los 9 años con Cora Roca. Después pasó por las aulas del conservatorio, de la Escuela Nacional de Arte Dramático, estudió con Augusto Fernandes, Javier Daulte. “No era tipo yo quiero actuar en Chiquititas, era yo quiero estudiar teatro”. Dejó el colegio secundario, retomó, empezó una carrera universitaria, la dejó (y no la retomó). “Pero nunca perdí el contacto con el teatro”, cuenta a los 27 o 28 años, no se decide.
Actriz devenida notera. ¿Eso está bueno, no la pone mal? “Qué, qué, qué incisivo, Luis Majul, Chiche. El otro día estaba viendo un programa de televisión muy pedorro, una novela de la tarde como muy bajón, y había un conocido mío. Pensaba: ‘Bueno, si yo tuviera que actuar ahí me mato’. El lugar en el que yo estoy, si bien no es estar actuando, me da libertades y me permite cosas. Tiene, tal vez, más vuelo, aunque sea más difícil. Yo me siento mucho más expuesta ahí que actuando en una novela, de alumno, sentada en el pupitre. Pero quizás es mejor. Obviamente que me encantaría trabajar de actriz. Es lo que soy. Yo soy una actriz”.
Bien, Lucía, ya lo sabemos. ¿Algo más? “Sí, quiero actuar en cine, en teatro, en televisión también. Me gusta la tele, no es que pienso ahhhh, esto es una porquería. Te da mucho entrenamiento. Por supuesto que sí. Todo. Cualquier cosa que esté buena va a estar buena, sea en televisión, sea en teatro o sea en cine”. Pero trabajar de notero tampoco es despreciable, puede estar bueno en algún un sentido, ¿no? “Lo que está bueno es que da vértigo, tiene algo de improvisado. A mí me gusta la sorpresa. Podés caer en en lugares y en situaciones surrealistas. De repente estás al lado de Macri y de Wanda Nara… ¡comiéndote un langostino rebozado!”-
(Clarín)
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