Luciano Castro y Carla Peterson

El dice: “Ella habla mejor que yo”. Ella dice: “Si yo fuera hombre quisiera ser como él”. El es Luciano Castro. Ella, Carla Peterson, la mujer que desde esta noche jugará a ser él.

Pero no jugará a ser Luciano Castro – tal cual su reciente confesión lo indica-, sino otro “él”, el que le da sentido al guión de Lalola, la tira que hoy estrena América, con un maléfico hechizo como disparador. Y con un machista devenido en mujer bonita.

Con 13 años de carrera para ella y 16 para él, nunca habían trabajado juntos. Nunca habían sido protagonistas. Nunca se ampararon en la solemnidad de un pregunta-respuesta: a lo largo de casi dos horas de entrevista, se sacaron chispas con las bromas, con las acotaciones al margen, con el reflejo de la comodidad del buen compañero. “Yo odio cuando se habla de gran familia pero en realidad se matan… Acá, nadie está esperando su plano. Hay un clima de respeto increíble, de mucha motivación per manente”, comparte la ex Constanza de Sos mi vida.

Luciano: Siempre hay uno que está más arriba y arenga.

¿Que habitualmente sos vos?

Luciano: Y, sí, yo soy motivador siempre. Es mi naturaleza, pero más con los demás que conmigo. Tengo el vamos, vamos sincero. Soy José aparte: te agarro a un costado y te tiro la mejor, te doy mi opinión de onda, tal vez te taladro la cabeza.

Carla: Lo bueno es que todos los que estamos en el programa tenemos algo en común en el pasado… O un trabajo, o un maestro, o un amigo. Y se impone la confianza.

Luciano: Nos cargamos mucho y en los almuerzos nos gastamos con los errores cometidos. Carla dijo algo recién que es clave: el respeto, una palabra que en este medio no está muy en uso. En este ambiente cada tanto se instala el puterío y es desgastante. Yo, por ejemplo, siempre supe que quería ser actor, pero una vez tuve claros deseos de no laburar más de esto.

¿Hubo una causa puntual?

Luciano: Sí, digamos que la frivolidad y la mentira. En un momento me di cuenta de que me estaba esforzando mucho para lograr algo y no había nadie que confiara en mí. Y me sentí frustrado. Yo venía de estudiar con los mejores maestros en la Argentina y en España, pero no se me daba una. Hasta que un día, Raúl Serrano -su gran referente- me dijo que me animara, que confiara, que tenía un don y que insistiera… En un momento hasta llegué a pensar que debería haber aceptado el puesto de recepcionista que me habían ofrecido en una cancha de paddle.

Sentados a una mesa de “El” -curioso nombre el del restaurante elegido para la charla-, ella lo escucha, lo disfruta. Y lo alienta con eso de que si fuera hombre quisiera ser como él. Y él, rápido para la réplica, la desalienta: “No la vas a pasar nada bien. ¿Sabés los problemas que tengo por bocón, por decir las cosas de frente… bueno, es mi forma de vivir. La paridad es importantísima para mí y eso me lo inculcaron mis viejos. Nadie es más que nadie y detesto cuando me subestiman”.

Personajes centrales de la comedia ideada por Sebastián Ortega -con producción de Dori Media, ver De golpe…-, llegaron a esta instancia luego de andar por caminos paralelos, con la televisión como baldosa inicial y el teatro como punto de apoyo. Si bien reconocen que ninguno había fantaseado con tal o cual papel para su primer protagónico, Peterson confiesa que “imaginaba, cuando llegara ese día, que iba a ser vestida de dama antigua… y finalmente me tocó vestirme de hombre”.

Más allá de que Lola -la chica que aparecerá en pantalla esta noche “al término de RSM” (por esta semana irá a partir de las 22.10)- sea una rubia atractiva que llega luego de un hechizo por despecho, se supone que adentro de ese cuerpo hay un Lalo derrotado, que se afeita, que usa calzoncillos, que hace fierros, que gusta de las mujeres. ¿O gustaba?

“No es una comedia costumbrista, pero tiene mucho de cotidiano. Y tiene un gancho muy atractivo: porque Lola sabe que es varón y sabe todo sobre la editorial que dirige desde hace un tiempo… pero el resto cree que es una mina nueva y nadie sospecha toda la información que tiene en la cabeza. Además, piensa como un tipo”, dice la chica del dúo.

Con un nutrido paso por el género -Son amores y Sos mi vida, entre otras-, considera ella que “desde que empecé, las telenovelas cambiaron como concepto. Como mucho, antes se vendían unas figuritas o se llevaba la historia al teatro. Hoy, hacer un programa de este tipo implica la chance de que se venda a todo el mundo, antes de que se estrene inclusive, que se hagan revistas, que se debata su contenido en foros de Internet, que haya clubes de fans en otros países. Uno tiene que aprender a acompañar ese proceso. El mercado cambió y ser actor obliga a correr los límites”.

El insiste con eso de “hablás tan claro que me siento un tarado al lado tuyo”. La confesión de parte invita a un nuevo ping-pong de gracias y morisquetas que matiza la tarde, entonada por una doble ronda de café y guiños de noble camarada. Con cada coincidencia -en el concepto, en la palabra, en la mirada- la charla roza picos de estridencia. Como cuando él dice que “lo que siempre me motivó en este laburo fue pensar qué bueno sería trabajar con. Y acá se me están dando todas, es genial”.

Carla: Sí, sí, yo me anoto en ésa.

Luciano: Mirá, cuando yo estaba haciendo Jugate conmigo -el ciclo de Cris Morena-, miraba Cha cha chá y moría viendo a (Pablo) Cedrón… y ahora lo tengo de compañero, ¿entendés?

Carla: Y yo lo iba a ver al teatro y me quedaba así, dura, fascinada. Bueno, o cuando en mis clases de teatro escuchaba a hablar de Luis Ziembrowsky como el gran improvisador, no imaginaba ni loca compartir un laburo con él.

Luciano: Escuchate ésta. Estábamos en Los Roldán y un día dicen “entra un personaje por tres capítulos”. Y lo vi entrar a Luisito (Ziembrowsky)… No te digo que me morí de vergüenza, pero más o menos. Me quedé un rato mirándolo como un tonto.

“A mí me da un poco de tristeza ver cómo está la tele en esta época. Porque podría tener, si quieren, todo lo que tiene ahora, pero también debería darle cabida a grandes actores que no tienen lugar. La ficción tiene que volver a ganar terreno. Es un espacio merecido para los actores… basta ya de somos actores queremos ser panelistas“, sostiene ella, asiente él, dos de los que esta noche aportarán lo suyo en la causa del regreso. Que ojalá sea con gloria.

De golpe, hay una mujer en su cuerpo

Algo así como la historia del cazador cazado. O la dura lección del machista empedernido. De eso está embebido, en un sentido, el espíritu de Lalola, la tira que esta noche -al término de RSM, o sea alrededor de las 22.10- estrenará América.

Producida por Dori Media -sobre una idea de Underground, la empresa de Sebastián Ortega-, la comedia arranca con el paradójico caso de Lalo (Juan Manuel Gil Navarro), que de la noche a la mañana amanece encerrado en el cuer po de una mujer… que rápidamente se disfraza bajo el apodo de Lola (Carla Peterson).

Un donjuan sin piedad, apenas comienza el primero de los 150 capítulos, el muchacho queda atrapado en las garras de Romina (Marcela Kloosterboer), quien, despechada y con la ayuda de una bruja, le dedica un hechizo que lo convierte en una rubia y bella mujer. Editor en jefe de la revista Don -de corte machista- recurre a una amiga para que la ayude a convivir con la transformación.

Y así, subido a los tacos, se anima a volver a la redacción en la que lo/la esperan Facundo (el director de imagen de la revista, interpretado por Luciano Castro), sus amigos, sus rivales… todos los que creen ver en Lola a la prima de Lalo. Aunque estén frente a un ganador… flamante derrotado.

Quién es quién en esta historia

Grace
Muriel Santa Ana

Conductora de radio, es la mejor amiga de Lalo, aunque a duras penas puede ocultar que está completamente enamorada. Cuando él se convierta en Lola, primero intentará ayudarlo a desarmar el hechizo, pero luego será quien mejor lo acompañe en su experiencia como mujer.

Gastón
Rafael Ferro

Lalo suponía que el mejor amigo que tenía era el subdirector de la revista. No le molestaban ni su prepotencia ni su soberbia. Como Lola, descubrirá cuánto lo envidiaba, y tendrá que acostumbrarse a verlo como su peor enemigo porque no soporta ser subordinado de una mujer.

Victoria
Sandra Ballesteros

Ubicada en el bando de los que le harán la vida imposible a Lola, la amante de Gastón es fría y calculadora. Mientras intenta convencer a todo el mundo de que sólo le interesa “vivir la vida”, crece su resentimiento por no lograr lo que le interesa de verdad: formar una familia.

Teo
Pablo Cedrón

Desconfiado por naturaleza, el nuevo gerente comercial de la revista es el representante del grupo inversor que comprará el 51 por ciento de las acciones. Enemistado con el dueño, Aguirre, también apunta a todos sus protegidos, entre ellos, Lola. Oculta secretos muy personales.

Aguirre
Luis Ziembrowsky

Es como un padre para Lalo y, aún sin conocer la verdad, será el primero que banque a Lola, cuando llegue a la revista para ocupar el puesto de “su primo”. Su tarea principal es mediar en las luchas de poder, los acomodos y las envidias que se cruzan en la redacción.

Natalia
Agustina Lecouna

Es la hija de Aguirre y editora de modas de la revista. Protagonista de un conflicto de identidad, es una mujer problemática, pero muy atractiva. Y llevará a Lola a serios planteos en el momento en que se acerque a Facundo y él se deje seducir. Para ella, Lola es una rival a sacar del camino.

Soledad
Lola Berthet

Editora de modas hasta la llegada de Natalia, tiene una patológica obsesión por lograr el cuerpo escultural que la naturaleza le negó, y gasta fortunas en cuanto tratamiento encuentra. Pero su frivolidad cederá cuando pase a ocuparse de las notas de Sociedad.

Patricio
Víctor Malagrino

El personaje gracioso de la historia es aquí editor de Artes y Cultura. Resolvió quedarse soltero para siempre por una cuestión de cálculos económicos. Y aunque es mezquino y alcahuete, sentirá una especial predilección por Lola y se convertirá en uno de sus mayores aliados.

(Clarín)


Más Información

 

Noticias por canal

Canales Televisin Argentina América TV Canal 7 Canal 9 Telefe Canal Trece 13