Marilyn Manson puso a oscuras el Pepsi Music
El cantante estadounidense regresó por tercera vez a la Argentina y cerró anoche ante 22 mil personas la octava jornada del Festival. Sus fans ovacionaron al grupo, que esta vez lució una estética con menos referencias satánicas, que durante los ´90 le valieron la atención y el rechazo de parte de la opinión pública.
Marilyn Manson regresó por tercera vez a la Argentina y cerró en la noche del sábado ante 22 mil personas la octava jornada del Festival Pepsi Music, de la que también participaron Cabezones, El Otro Yo, Massacre y Los Natas, entre otros.
La banda estadounidense liderada por Manson, cuyo nombre verdadero es Brian Warner, salió a escena pasadas las 22:15 con la sombría “If I Was Your Vampire” de su último disco “Eat Me, Drink Me”, en la que el cantante, de pantalón, chaleco y guantes negros, lució un micrófono caracterizado como un gigantesco cuchillo.
El “reverendo” Marilyn Manson en voz, Tim Skold en guitarra, Chris Vrenna en teclado, Rob Holliday en bajo y Ginger Fish en batería, brindaron un show compacto y enérgico que se extendió durante una hora y diez minutos, y alternó temas de su nuevo disco con clásicos de sus producciones anteriores.
Las primeras ovaciones llegarían con “Mobscene”, de la placa “The Golden Age of Grotesque”, y seguirían durante el cover “Sweet Dreams (Are Made of This)” unido a los clásicos “Lunchbox”, “Fight Song”, “Dope Show” y “Rock is Dead”.
Poco queda de la estética gore, las referencias satánicas y las escenas de automutilación que, durante la década del noventa, le valieron a la banda la atención y el rechazo de la opinión pública norteamericana.
La puesta en escena de Marilyn Manson hoy está cercana a la de cualquier banda de rock. Manson, firme en su rol de “frontman”, cuyo protagonismo sólo comparte por momentos con el guitarrista Tim Skold, se adueñó de la pasarela que se extiende desde el escenario hasta el centro del campo, arengó al público, y se permitió caprichos como arrojar una y otra vez su micrófono al piso.
La puesta estética también quedó a cargo del vocalista, que a su habitual maquillaje, coronado con un antifaz fucsia fluorescente, le sumó reiterados cambios de vestuario y accesorios, entre los que se contaron un sobretodo, una galera, un sombrero de ala ancha y dos sacos.
Entre los temas nuevos se destacaron “Putting Holes in Happiness” y un riff que envidiaría cualquier banda de hard rock, la balada “Just a Car Crash Away”, y “Heart-shaped Glasses”, con cierta reminiscencia glam que Manson acentuó luciendo unos lentes oscuros en forma de corazón.
El último de los doce temas llegaría después de diez minutos de receso con “The Beautiful People”, el primer gran éxito de la banda, desde su segundo disco, “Antichrist Superstar”.
El público, en su mayoría adolescente, repitió los códigos del ídolo: el negro riguroso en la vestimenta, las plataformas imposibles y el maquillaje casi teatral tanto de ellas como de ellos, compusieron una estética tan o más cuidada que la de los mismos artistas.
El otro gran regreso, no al país pero sí a los escenarios, fue el de César Andino, al frente de Cabezones, casi recuperado después del accidente automovilístico que sufrió junto a Gabriel Ruiz Díaz, bajista de Catupecu Machu, aunque actuó sentado en una silla de ruedas.
La banda presentó una nueva formación con Leonardo Licitra y Pablo Negro en guitarras, y Matías Terragona en bajo, y dio un show sin fisuras, con un Andino muy conmovido, que lloró, recordó a su amigo, y agradeció ante un público que lo ovacionó luego de clásicos como “Mi pequeña infinidad” y la versión de “Sueles dejarme solo” (de Soda Stereo).
En otro escenario, El Otro Yo presentó temas de su última producción “Fuera de tiempo”, junto a un recorrido por su prolífica carrera, con “Alegría”, “Hombres de mierda” y “No me importa morir”, y sacudió a una multitud que celebró cada uno de sus movimientos.
Massacre sorprendió con una impecable versión de “Ziggy Stardust”, el clásico de David Bowie, en una excelente mixtura entre elegancia y solidez, con la que decidieron homenajear a Manson por ser “el último glam de esta época”.
Su líder, el extrovertido Wallas, derrochó histrionismo y soltura, saludó a “los vampiros”, y condensó las miradas en una presentación que incluyó “Te leo al revés”, “Divorcio”, “1984″ y “Plan B: anhelo de satisfacción”.
La nutrida grilla contó también con la impronta experimental de Los Natas y la prolija propuesta de los dark platenses l mató a un policía motorizado, que junto a Carajo, The Locos, Cuentos Borgeanos y otros, desde la apertura de las puertas del estadio a las 15, musicalizaron la calurosa tarde de Buenos Aires.
(Télam)
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