Rodrigo Cascón
Fue modelo y actor, pero el reconocimiento le llegó por sus dotes culinarias. En su programa de tevé auxilia a los famosos que desean agasajar a sus seres queridos con una rica comida. Mientras les enseña sus trucos, muestra la intimidad de las estrellas en el seno de su hogar.

A los 25 años fue el chico molesto que, por perseguir a una bella dama, quedó desnudo en el medio del mar luego de que la muchacha le propusiera -para deshacerse de él- un sutil juego en el que cada uno se desprendía de sus trajes de baño. La secuencia -que finaliza con la chica escapándose de su acosador vestida con su propio short- pertenece a una recordada publicidad de una gaseosa lima-limón de bajas calorías que proponía una vida con “cero límites”. Casualmente, el amor de Rodrigo Cascón por el fashion business nació, sin querer, en una playa: “A los 18 años estaba de vacaciones en Santa Teresita con mis amigos y me pararon en la peatonal para ofrecerme desfilar en un boliche en el que hacían un concurso de belleza. Me negué, pero mis amigos me insistieron porque si yo iba ellos entraban gratis a bailar, así que fui y terminé ganando”, cuenta entre risas este joven de 27 años que hoy se gana la vida enseñándoles a cocinar a los famosos en su programa de FTV, Delis S.O.S. Luego de tan exitoso comienzo, decidió probar suerte como modelo e ingresó a Dotto Models. Campañas, publicidades y castings se intercalaron entre sus clases de teatro, su entrenamiento de Kick Boxing y Full Contact (disciplinas en las que hoy es subinstructor) y sus estudios como chef en el Instituto Argentino de Gastronomía hasta que, tras varias pruebas, fue el elegido para comandar la cocina del programa Buenos días Argentina (Telefé). Allí conoció a Marley -quien concurrió al ciclo como invitado-, hoy productor de la original propuesta que FTV emite los martes a las 20, día elegido para que este muchacho de ojos verdes ingrese a uno de los rincones más íntimos de la casa de los famosos: la cocina. Allí despliega su arte frente a las cámaras para que la celebridad auxiliada pueda realizar un sofisticado plato y sorprenda a su comensal.
Karina Rabolini, Rodrigo Guirao, Luciana García Penna (quien compartió su almuerzo con su marido, el ex jugador de la Selección Argentina de fútbol Matías Almeyda), Verónica Lozano, Teté Coustarot, Patricia Sosa (a las dos últimas se las verá en los capítulos de agosto) y Guillermina Valdés (programa que saldrá al aire próximamente) fueron algunos de las estrellas que pasaron por sus manos. Y, aunque todos lograron el objetivo, para algunos fue más sencillo que para otros: “A la que me resultó más fácil enseñarle fue a Patricia Sosa. Además, me llevé muy bien con ella. También me sorprendió Rodrigo Guirao, que me había dicho que nunca había cocinado en su vida y terminó haciendo una excelente variedad de tapas. Con Guillermina (Valdés) hicimos, a pedido de ella, comida macrobiótica y como está tan involucrada con el tema, cada vez que usábamos algún ingrediente de la receta, se dedicaba a explicar sus bondades. La que tenía muchas ganas de aprender y quería practicar cada corte fue Karina Rabolini. Y Vero Lozano fue una de las más graciosas”.
Acostumbrado ya a invadir las hornallas de las stars, Rodrigo se dio el lujo de ayudar a preparar una comida romántica para quien, alguna vez, supo ser uno de sus ídolos: “Cuando era más chico me decían que jugaba al fútbol igual que Matías Almeyda”, cuenta mientras recuerda justamente las bromas de Luciana (mujer del deportista) durante la grabación: “Yo suelo corregir bastante a la gente, pero lo hago sin darme cuenta. Y cuando estaba mirando el programa en casa vi que Luciana, en lugar de decir “˜tomates confitados”™ dijo otra cosa y yo la rectifiqué. Entonces, cuando yo le daba la espalda, ella me hacía burlas simpáticas mirando a cámara. Cuando la vi, me reía solo”.
Así, entre anécdotas y cacerolas, este chef que a la hora de la seducción prefiere una mesa bien servida a un plato súper elaborado, se convirtió en el cocinero elegido por nuestra farándula para sorprender a sus invitados con el sabor de los manjares hechos en casa. Y, mientras sueña con el restaurante propio, disfruta -y nos hace disfrutar- de su arte. Eso sí, para que no queden dudas, aclara: “Yo cocino, vos lavás”.
(Revista LUZ)
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