Aquí no hay quien viva
La nueva comedia semanal, que arrancará en enero, narra la historia de un grupo de vecinos que conviven en un edificio. Daniel Hendler es el encargado; Roberto Carnaghi, su padre; e integran el elenco, entre otros, Julieta Ortega, Eduardo Blanco y Jorgelina Aruzzi.
El mundo condensado en tres pisos. Quien viva o haya vivido alguna vez en un edificio sabe de qué se trata la convivencia entre vecinos que deben compartir más de lo que quisieran. Ese es el eje de la nueva comedia que Telefé estrenará en la primera quincena de enero, en el prime time, con un título que lo dice todo: Aquí no hay quien viva. El unitario, que será semanal, es una producción de Telefé Contenidos sobre un formato original de Antena 3 (ver La versión…). Protagonizada por Daniel Hendler, Roberto Carnaghi, Julieta Ortega, Mariano Torre, Eduardo Blanco, Jorge Suárez, Silvina Bosco, Gerardo Chendo, Mabel Pessen, Jorgelina Aruzzi, Paula Morales, Lidia Catalano, Héctor Díaz, Debora Warren, Norma Pons (Ver contratapa) a los que se suman los jóvenes Nahuel Pérez Biscayart, Agustina Córdova, Franco Rau y Ezequiel Castaño, la trama coral se paseará por cada una de las historias haciendo foco en una por capítulo.
En los estudios de Martínez donde están montados cada uno de los seis departamentos que habitarán los personajes, y la discreta pero coqueta fachada del edificio, el clima se parece al de un consorcio, aunque, por ahora, es más distendido y simpático. Mientras unos llegan para grabar su parte, otros se van; los cruces de horarios son infinitos, salvo en los momentos en que el guión exige que los casi 20 heterogéneos personajes coincidan en un palier. “En esos momentos se arman situaciones de verdadera comedia de enredos”, dice Julieta Ortega, que personifica a Lucía, una arquitecta recién mudada al edificio con su pareja (Mariano Torre) que descubrirá una galería de personajes absurdos. “A medida que Lucía y su novio conocen a sus nuevos vecinos, también los va conociendo el espectador. De a poco se van metiendo en el loquero, porque los guiones están adaptados exagerando hacia el grotesco algunos rasgos de los personajes originales”, cuenta Julieta, que incursionará por primera vez en este tipo de género.”Lo último que hice fue El tiempo no para y un capítulo de Mujeres asesinas. El cambio es fuerte y tengo ganas de ver cómo funciono en este formato”, asume. La chica que le toca componer, profesional y moderna, no entiende cómo algunos de sus vecinos no quieren mejorar el edificio en el que viven. “En mi vida privada no suelo ir a las reuniones de consorcio, porque se la pasan gritando cosas ridículas. Pero parece que es algo inevitable de toda convivencia entre gente diferente y con intereses distintos”. Julieta, como casi todo el resto del elenco, está feliz con el formato semanal del ciclo. “Así puedo estar más tiempo con mi hijo Benito, que tiene dos años”.
Cuando la actriz termina su toma del día, llega Daniel Hendler, peinado a la gomina, con pantalón y camisa color arena, según indica el reglamento de su personaje: Román Bobadilla. “A le gusta hacerse llamar encargado, no portero. Es la mano derecha del presidente del consorcio, Juan Cuesta, que interpreta Eduardo Blanco, y básicamente podría definirlo como un tipo muy hábil para trabajar poco”, describe a su criatura con gesto relajado. “No tiene espíritu muy competitivo y le gusta buscar atajos para ahorrar su propia energía. La verdad es que recién lo estoy conociendo y supongo que, con los autores, a medida que avancen los capítulos, le iremos agregando otras cositas, más mías”, asegura. Hendler viene básicamente del cine, y aunque hizo participaciones en Epitafios, Sin código y Mujeres asesinas, éste es su debut como comediante de televisión.
“Me gusta hacer esta comedia, no me resulta traumático el cambio de medio. Es la primera vez que estoy abocado de lleno a una comedia de enredos y el hecho de que todo el elenco tenga procedencia diversa me hace sentir que no soy sapo de otro pozo”, dice, divertido con el personaje al que le pone el cuerpo. “Román es un atorrante, más allá de su profesión. La trama es híper coral y colorida y los enredos están muy bien explotados por los guionistas, que aprovechan estas diferencias entre nosotros para sumar y enriquecer la historia, en la que se van a cruzar todos con todos”.
La nueva comedia se graba íntegramente en estudios -incluso la fachada del edificio es parte del decorado exterior- y los libros están estructurados de tal manera que rematan en un chiste, por eso los actores tienen que respetar la letra a rajatabla.
Un personaje muy particular es el que encarna Roberto Carnaghi. El es Hipólito, el padre del portero. “Es un tipo que lo vive al hijo y le usurpa el lugar donde vive, que es muy reducido. Se dedica a vender libros que nunca leyó, todo el tiempo, a todo el mundo y sobre cualquier tema; es un auténtico buscavidas”, cuenta el actor desde Mar del Plata, donde estará haciendo teatro durante el verano. Para darle el colorido justo a Hipólito, a Carnaghi se le ocurrió adosarle un peluquín. “El tipo cree que así es más elegante, a pesar de que se viste con equipos de gimnasia y no combina nada con nada. Me divierte mucho hacer este personaje que no se parece en absoluto a lo que vengo haciendo últimamente en televisión, como el Lisandro de Montecristo o el mafioso de El capo“.
El mosaico de personajes (ver Quién es quién) funciona a modo de muestrario social. “Hay muchos típicos porteños viviendo en el edificio y creo que mucha gente se puede identificar con alguno de ellos -reflexiona Carnaghi-. Creo que con el humor también se puede hacer crítica. Aunque el formato original es español, tenemos que hacerlo nuestro como pasó con otras sitcom”.
La versión española
La serie original empezó a emitirse en setiembre de 2003 por el canal español Antena 3, y nadie daba “un duro” por ella. Los resultados al comienzo no fueron muy buenos, pero enseguida se convirtió en la revelación de la temporada, llegando a sobrepasar los 7 millones de espectadores. Fue creada por Alberto y Laura Caballero, sobrinos de José Luis Moreno, el productor, quienes se inspiraron, a su vez, en un cómic francés, 13, Rue del Percebe creado por Francisco Ibáñez. Duró tres temporadas, con éxito de público y varios premios. Después se hicieron versiones en Francia, Italia, Portugal y México, siempre desplegando una variedad de estereotipos ideales para la comedia.
Más tarde y un poco perdido entre el laberinto de pasillos del estudio, aparece Eduardo Blanco, otro actor más acostumbrado a los sets de cine que a los de TV. “Lo que hice en tele fue Historias de sexo de gente común y Vientos de agua, o sea que nada que ver con la comedia. Esta propuesta me entusiasma mucho”. Su personaje es Juan Cuesta, quien preside el consorcio imaginario. “El dice que es presidente de consorcio, como si fuera un país, lo cual habla bastante de cómo es este hombre”. Al igual que sus compañeros, a Blanco le gusta el tono de absurdo de Aquí no hay quien viva, potenciado por la cantidad de historias paralelas. “Los roles están muy divididos y a su vez equilibrados por las historias rotativas, lo cual lo hace más interesante. Y el hecho de que se grabe todo en decorados también lo hace más complejo. De cualquier manera, creo que la gente se va a identificar y se va a divertir”.
(Clarín.com)
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