Calle 13 en el Luna Park
El sábado, los puertoriqueños sedujeron a los adolescentes con raps anti-Bush y bailarinas. Hubo muchas cosas para el asombro la noche del sábado durante la presentación de Calle 13 en un Luna Park casi a tope y convertido en un pogo permanente y transpirado.
Sorprende el sonido de esta banda compuesta de diez músicos y que debe su nombre a la contraseña que los dos líderes (los medio hermanos René Pérez alias “Residente” y Eduardo Cabra o “Visitante”) debían decir al volver por las noches a su casa en la ciudad portorriqueña de Trujillo Alto. Suena por detrás de la infatigable voz de Pérez más de un ritmo: rap, cumbia, algún toque electrónico, reminiscencias de jazz latino, merengue, una guitarra muy rockera, reggaetón (etiqueta que resisten en todos los reportajes) y hasta cierta presencia del tango, que se hará explícita cuando suban al escenario dos integrantes de Bajo Fondo a acompañar con bandoneón y violín Tango del pecado.
Residente es un rimador compulsivo y sin prejuicios, que puede combinar sal con dorsal y caca con espinaca, y autor de temas de una extensión inusitada. Por lo menos diez de ellos fueron repetidos sin errores por el público, demostrando que la falta de memoria adolescente es un mito. Y justamente en ese desorden memorioso, es posible percibir que el universo de referencias en que se mueve Calle 13 tiene tantas capas como su propuesta musical. La interpretación de Tango del pecado se acompaña de imágenes de Juana de Arco, clásica película muda del danés Carl Dreyer. Pero la de Atrevete-te-te da pie una serie de chicas de largas piernas que dejan entrever su ropa interior.
Justamente la cuestión erótica es uno de los fuertes del grupo. Aún en su dialecto es claro que todo es absolutamente explícito y que no se le teme al nombre de las cosas, como demuestra Cumbia del aburrido. Pérez juega desde el escenario con ese desenfreno y hace subir a una chica mientras interpreta Beso de desayuno. La adolescente permanece arrobada y en silencio y sus colegas que se han quedado en la platea la insultan por lo bajo por ese privilegio. Al tema siguiente, Se vale to, la suma de muchachas aumenta a siete y muchas de ellas demuestran variadas habilidades para el baile erótico y poca predisposición a bajarse del escenario.
Sin embargo, esta dirección de su propuesta deja espacio para la política, a la hora de Pal’ Norte y de Querido FBI que el público saluda con un “Bush, hijo de puta” a todo pulmón. Todo este cóctel musical e ideológico tiene sus costados atractivos, en los que se destaca Ileana Cabra, que despliega una voz rarísima y bellamente afinada y baila de una manera entre seductora y violenta. Y también un lado demasiado avasallador que tiende a la monotonía en el escaso juego que se da entre la batería y los dos percusionistas. Y en cierta insistencia de Pérez de ocupar todo el tiempo la escena y ser centro permanente.
Pero nada de eso parece importar a los asistentes que se abalanzan sobre las zapatillas que arroja al aire el líder de Calle 13 mientras pide ayuda para los independentistas de Puerto Rico. Al fin y al cabo, en una fiesta asombrosa como fue aquella, todo, sea lo que sea, es bienvenido.
(Clarin.com)
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