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Mónica Scapparone: entre Hijitus y la tragedia griega

Mónica Scapparone

La actriz, que es Lola en “Montecristo”, disfruta de ese personaje ambiguo que le permite hacer reír tanto como llorar.

Debe ser uno de los personajes con más tonalidades. En la novela donde a Pablo Echarri le basta con mover tres músculos de la cara para cautivar, Mónica Scapparone compone a su Lola, que hace unos meses era la que se reía en Monte cristo (Telefé, a las 22.30) y ahora anda escondiéndose por miedo a que la maten. Pero más acá —en la realidad, digamos—, Scapparone viene chancleteando por un pasillo de los estudios Teleinde, apenas habitado por un tiracables que da un tibio testimonio de que ahí se hace televisión. Son casi las ocho de la noche y la actriz arrastra su cansancio. “Son tantas horas acá adentro que ni siquiera me queda tiempo de ir a terapia”, dice antes de recordar que estamos en noviembre y de repetir —cuatro veces en diez minutos— la palabra vacaciones.

“Vacaciones en Cuba”, clarifica. “Quiero ir antes de que se muera Fidel y cambie la mano”. Tal vez no sea más que una asociación ilícita, pero en fin: Montecristo y sus compromisos varios, Cuba, Fidel. ¿Estamos idealistas? “Y, algo de eso hay”, suelta en una risa.

Tratándose de telenovelas, el nombre Scapparone se topa con Resistiré, aunque ella sienta que empezó a ser (re)conocida junto a Antonio Gasalla, en el 91. “Cincuenta puntos de rating; no podía salir a la calle. Ahora la popularidad me agarra más asentada y con un personaje que adoro porque me permite ir del drama a la comedia… Creo que gusta mucho. El otro día bajé al súper y subí dos horas después. La gente es muy afectuosa. Te para, te charla, te da besos…”.

Lola va por diferentes lugares. Tiene una ética ambigua. ¿No es un poco como Larguirucho?

¡Sí! ¡Me gusta lo de Larguirucho! A veces Hijitus, a veces el profesor Neurus. Eso es lo que me enamora de Lola, un personaje que puede montar una tragedia griega o ser muy guarra.

En 1986 Scapparone tenía dos cosas claras: había terminado el secundario y era fanática de la música clásica. Mientras sus compañeros compraban la Cerdos y Peces, ella iba por las librerías rastreando biografías de Chopin. Criada en el barrio de Devoto, cuenta que tenía una amiga que la internaba: “Tanto me decía que tenía que ser actriz que una vez me lo crucé a Pepito Cibrián, le pregunté si daba clases y me dijo que sí. ‘Bueno, después voy’, le respondí”.

Y fue, estudió y trabajó en Los Borgia. A poco del debut le mandó un tape a Gasalla porque era así de cara rota, y Gasalla la llamó. “Me dijo que con ese material no podía saber mucho de mí, pero que iba a tirarse a la pileta. Antes de cortar, agregó: ‘Empezás a grabar mañana’. Imaginate. La pendeja tenía la cabeza en llamas”, dice esta soltera que vivió en pareja con el hijo de Olmedo y asegura que a los 38 años está sola “con mucha alegría”.

Las tías dirían: “¡¿Pero cómo una chica tan linda…?!

(Interrumpe) ¡La paso bomba así! Me quedo en casa, escucho mi música en paz, me levanto a cualquier hora, cada tanto hago gimnasia…

Con más de 15 años de carrera, dice que su perfil sería el de una actriz que ve cine, hace TV y siente “pánico por el teatro. Me parece que el actor debe ocupar un lugar donde pueda estar cómodo para comunicar”.

¿Y qué pasó por tu cabeza cuando te llamaron para “Montecristo”?

No bien me enteré de que encabezaba Pablo (Echarri) y escribían (Marcelo) Caamaño y (Adriana) Lorenzón, le pedí a mi representante que dijera que sí. Y me pareció brutal que una telenovela abordara temas tan comprometidos y tan nuestros.

¿Trabajar con Echarri garantiza el plus de popularidad?

Garantiza armonía. Pablo… Pablo es bárbaro; es un muchacho como cualquiera.

¿No crees que cierto público empezó a interesarse por la historia argentina reciente a partir de “Montecristo”?

Una socióloga me dijo que el mejor modo de educar es a través de las telenovelas. Si es así, yo pondría a Montecristo como el gran ejemplo.

Vos decís que mucha gente que dijo el “algo habrán hecho” puede ser público de la telenovela…

Me parece extraordinario que pase esto. Hay mucha gente que es bruta del alma y de pronto se pone a pensar en cómo sufre fulano y dice: “Claro, sufrían”, y lo ve al torturador hijo de puta que hace Carnaghi y entonces dice: “Claro, eran así. Te mataban por tener ideales”.

Fuente: Clarín

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